
Hoy he hecho 10 largos. Parece una cifra digna pero no lo es, es más bien poco. En realidad es lo mínimo que hago que me permite luego no tener dolores de brazos ni nada. Lo que sí es verdad es que disfruto nadando como con pocas cosas en el mundo, es más, me parece que como con ninguna.
Creo que en parte es porque puedo llegar a ser extremadamente sensitiva cuando me dejo llevar, cuando me abandono al goce puro y duro de cualquier tipo, pero en este caso del agua fresca y el sol en la piel. Es una cosa positiva que tengo, la negativa es que no suelo dejarme llevar y mucho menos abandonarme a nada.
Para estos días me han puesto deberes, tengo que reflexionar sobre dos temas o atributos; la voluntad y la valentía.
Aunque de ambas ando más bien escasa es la primera, la voluntad, la que ejercito más a menudo. Con mejores o peores resultados eso sí, pero es con la que más familiarizada estoy.
La segunda, la valentía..... sé que igual no lo parece pero soy un ser básicamente cobarde. No siempre, tengo arrebatos de valentía pero muchas veces he dudado que sea simplemente inconsciencia. Es muy fácil subirse al barco de la inconsciencia y recorrer en él largas distancias sin percatarnos siquiera y más tarde, apoyándose en la valentía intentar justificar lo injustificable. Sin embargo cuela, a la gente le gusta la gente valiente y suele tolerárselo casi todo. Donde esté un valiente que se ha dejado llevar, que se quite un inconsciente que la ha cagado. Así es la gente.
Para los espectadores es difícil distinguirlo, pero cualquiera con una mínima capacidad de introspección puede darse cuenta con relativa facilidad de que sus proezas iban de viaje en un barco robado, y de que poco o ningún valor tienen.
Todos queremos ser valientes, es como vergonzoso reconocer que se es un cobarde. Yo lo soy, y además de la peor clase, de los que no lo parecen. Sé positivamente que en ocasiones he sido valiente, sin embargo no se indulta al pirata por una buena acción después de toda una vida de piratería, o al menos eso dice el Comodoro Norrinton en Piratas del Caribe... y está claro que no voy a ser yo más de Jack Sparrow.
Yo, para hacerse una idea, soy el tipo de persona que no envía sus escritos a sus amiguitos clandestinos solo para no tener que enfrentarse a no gustarles, al rechazo, a la decepción , al dolor, a saber del modo más crudo sus propias limitaciones. A ver claramente que yo, soy solo yo. De este tipo de cobarde soy , de los bien llamados “acojonados de la vida”.
En teoría este tipo de reflexiones deberían llevarme a verme mejor e intentar mejorar en las cosas que no me gusten, como ésta.
Dirá alguno, como Estili por ejemplo ( que le estoy viendo venir ), que reconocer la cobardía es valiente. Sin embargo, si lo cortés no quita lo valiente, lo honesto no quita lo cobarde. Y yo cobarde seré, pero honesta también.
Así ( ver foto de la entrada ), ha transcurrido mi tarde hoy, entre papel reciclado, mis palabras y las de otros, o más bien otro.
He llegado a pensar cuando estaba en el sofá tirada con este dolor de cabeza que no se me pasa, pegarme el libro de Jove con celo al pecho a ver si por ósmosis ( en su segunda acepción, claro está ), se me pega algo más aparte de lo que ya me entra por los ojos al leerle. Después lo he descartado, que el pegamento del celo se va muy mal de la piel.
El sofá ha sido el que peor ha soportado la embestida de esta tarde, como blanco de un terrorista de 4 años ha acabado con algún que otro rayajo de boli y de cleenex arrugados pero misteriosamente limpios. Gracias a IKEA las fundas son lavables...
Al final de la tarde, cuando me he levantado y he visto las marcas que la espiral del cuaderno han ido dibujando en mis brazos me ha pasado por la cabeza que he vuelto a perder toda una tarde en divagaciones que a nadie importan y que , después de in-materializar en el ciberespacio, empiezo a dudar que a mí me sirvan para algo más aparte de pasar una buena tarde...